Un anciano, en su lecho de muerte, llamo a sus tres hijos y les dijo:

-He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente, más astuto, más sagaz. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Tomadla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedara con todo.

Y los hijos se fueron.

El primer hijo compró paja, pero solo consiguió llenar la casa hasta la mitad.

El segundo hijo compró sacos de pluma, pero no consiguió llenar la casa mucho más que el anterior.

El tercer hijo solo compró un pequeño objeto. Era una vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz. Éste consiguió la herencia.

                                     ¡JESÚS ES LA LUZ QUE ILUMINA EL MUNDO!

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