“El Evangelio cambia el corazón, cambia la vida, transforma las inclinaciones al mal en propósitos de bien”.
“El Evangelio es palabra de vida: no oprime a la persona, al contrario, libera a cuantos están esclavos de tantos espíritus malvados de este mundo: la vanidad, el amor al dinero, el orgullo la sensualidad”.
“¡El Evangelio es capaz de cambiar a las personas!”.
Por ello, “es tarea de los cristianos difundir en todas partes la fuerza redentora, convirtiéndose en misioneros y heraldos de la Palabra de Dios”.